Coronavirus, teletrabajo y coworking rural

La crisis de la COVID-19 ha impulsado esta alternativa laboral que ofrece vivir y trabajar en un entorno más seguro, relajado, sano y respetuoso con el medio ambiente. La tecnología rompe día a día los muros que antes generaban una brecha digital entre mundo urbano y mundo rural. La tecnología, contradictoriamente, nos une y nos acerca. Y los espacios coworking son la respuesta a la necesidad de socialización que todos tenemos. En un mundo digital, los espacios físicos que promueven ecosistemas innovadores y tecnológicos en medio de un territorio tradicional y manual, son, para mi, la respuesta a las demandas de una sociedad que quiere construir una nueva forma de trabajar y de vivir, por voluntad y por necesidad.

A lo mejor el coworking no es una necesidad, pero si una opción que cada vez más muchos profesionales independientes y empresas contemplan. Y hablo en primera persona. Como fundadora de uno de los primeros coworkings ubicados en una zona rural de Cataluña, cómo cofundadora de la consultoría para espacios coworking Leco y como consultora especializada en coworking rural.

La demanda de información ha aumentado en los espacios de coworking ubicados en zonas rurales o ciudades pequeñas y los perfiles que se entrevén (por qué aún es pronto para sacar conclusiones) son empresas que requieren un espacio cercano a sus trabajadores o son freelances que se plantean trasladarse (definitivamente o durante largas temporadas) a segundas residencias ubicadas en zonas rurales. El cambio de tendencia no es solo en la forma de trabajar sino en la forma de vivir.

Esta tendencia creciente e inesperada no solo beneficia a trabajadores y a empresarios. También da respuesta a políticas públicas que buscan el retorno y la atracción de talento a zonas rurales que tendían al envejecimiento o a la despoblación.

El fin de la oficina no ha llegado, se ha reinventado
El teletrabajo ha llegado antes de tiempo y sin preguntar. Las medidas obligatorias y opcionales adoptadas por muchas empresas para contener la transmisión de la Covid-19, han pasado por promover el teletrabajo. Es una cuestión de salud y de responsabilidad, pero también una tendencia positiva para las organizaciones y sus trabajadores, y un salto que la crisis ha acelerado. Todo pasa por algo.

‘El teletrabajo sirve para la física de lo previsto, no para la química de innovar y crear juntos’. Mireia Las Heras, profesora del IESE e investigadora del teletrabajo, así lo transmitió hace unas semanas en la Contra de La Vanguardia.

“Lo ideal sería un 60% de días en la oficina y otro 40% de teletrabajo”, decía. Pero para mí aún hay una combinación mejor que incluye el coworking.

El teletrabajo facilita la conciliación y evita desplazamientos y gastos innecesarios. El trabajo en la oficina promueve la socialización, cataliza la innovación y la creatividad y genera interacciones más humanas. Los espacios coworking ofrecen a las empresas una sede al lado de la casa de sus trabajadores; un ambiente laboral renovado, motivador, multidisciplinar y un ahorro en el coste asociado al trabajador. Son también una apuesta de responsabilidad social corporativa, por un lado, hacia un trabajador que mejora sus condiciones de vida al poder vivir en el pueblo y estar cerca de su familia y entorno. Y por otro lado, hacia un planeta que a mitad de año ya ha consumido todos sus recursos y que agradece que evitamos desplazamientos innecesarios.

La obligación se ha transformado en convicción, y ha hecho que muchos trabajadores y empresarios se planteen la necesidad de celebrar tantas reuniones, tantas horas, tantos desplazamientos, tantas inversiones en oficinas propias. El cara a cara es necesario, pero la pandemia nos ha demostrado que puede reducirse sin que esto genere consecuencias en la productividad de los empleados.

Del workaholic al estresado
Trabajar desde casa puede parecer cómodo. Pero todos los freelances o teletrabajadores, hemos enviado correos desde la cama o atendido una llamada apretando el botón de la lavadora. El teletrabajo está desdibujando las líneas entre la jornada laboral y el tiempo libre causando riesgos para la salud mental: estrés, vulnerabilidad emocional, adicción al trabajo… Trabajar, aunque sea parcialmente en un coworking, ayuda a construir rutina diaria y a poner límites.

Existen espacios coworking que ya han adaptado sus tarifas incluyendo opciones mixtas como contratar días/semana y de esta forma combinar el trabajo en casa con el trabajo en el coworking. Además, los espacios coworking cuentan con las condiciones climáticas, ergonómicas y luminosas ideales para trabajar. Es más, cuentan con espacios de relax y zonas especialmente creadas para la interacción social y la generación de proyectos comunes. No es lo mismo tomarte un café en batín mirando la vecina del frente, que hablando, aunque sea a dos metros de distancia, con un profesional que comparte el mismo mal lunes que tú. Coworking también es terapia.

Un reto COmpartido
El reto, ahora, lo tenemos todos. También los gestores de espacios coworking rurales. Tenemos espacios atractivos y nos hemos convertido en un factor de decisión para muchas personas a la hora de elegir un territorio para vivir. Ahora un pueblo debe tener guardería, biblioteca, piscina y coworking. Y debemos adaptar los espacios coworking a un nuevo perfil de cliente que requiere, a lo mejor, tarifas mixtas, despachos privados, oficinas satélite, alternar su espacio de trabajo con otros compañeros o adquirir bonos de temporada estival o invernal. Y debemos pensar, también, en las empresas que requieren deslocalizar sus oficinas, ofrecer centros de trabajo próximos al lugar de residencia de sus empleados, o reducir costes fijos y apostar por opciones más flex que den respuestas más rápidas y menos agresivas a la incertidumbre y a las crisis.

Las organizaciones deben adaptar sus estructuras y dinámicas, apartando viejas convicciones adquiridas como el trabajo por horas o la planificación excesiva. Recomiendo el libro “reinventing organitzacions” de Frederic Laloux que me regaló mi amiga y coworker Magda Barceló.

El teletrabajo ha venido para quedarse pero aún necesita definirse, regularse y testearse. Como bien dice la ya citada Mireia de las Heras: “En estos días… estamos teletrabajando en condiciones subóptimas… no deberíamos, ni siquiera, llamarlo Teletrabajo… sino más bien: Trabajo en Remoto para sobrevivir a una situación de crisis”

Un reto para los pueblos
En este contexto, en esta nueva realidad, muchas personas se han planteado la necesidad de vivir en una zona rural. A todos nos ha pasado por la cabeza ir a vivir al pueblo. Y este pensamiento individual, ha generado una oportunidad real y global. Si los espacios coworking sabemos aprovechar esta oportunidad surgida de una crisis, si podemos adaptarnos a las necesidades de las empresas y los trabajadores, nos irá bien, porqué tenemos las condiciones favorables para que así sea: espacios más amplios, más económicos, más personales y flexibles. El coworking se posiciona este 2020 como una alternativa al teletrabajo y al trabajo en la oficina. El coworking rural se posiciona como una alternativa laboral y vital.

Laia Benaiges Monné, cofundadora de LECO experta en coworking rural